Tahín: qué es, cómo usarlo

Si en tu nevera hay un bote de tahín que solo sale cuando haces hummus, estás aprovechando una pequeña parte de lo que puede dar de sí. El tahín es uno de esos ingredientes que, cuando lo entiendes un poco, empiezan a aparecer en casi todo lo que cocinas.

El tahín es simplemente pasta de sésamo. Semillas trituradas hasta obtener una crema densa, aceitosa y con un sabor intenso que recuerda a los frutos secos pero con un punto ligeramente amargo que lo hace único.

Hay dos versiones principales: el tahín de sésamo pelado, más claro y de sabor más suave, y el de sésamo integral, con más cuerpo y un perfil más pronunciado. El Tahín BIO de Mimasa está elaborado con sésamo ecológico pelado y tostado, lo que le da una textura cremosa y un sabor redondo, sin el amargor excesivo que a veces tienen los tahines de calidad inferior.

Un dato que merece atención: 100 g de tahín aportan unos 25 g de proteína y 60 g de grasa, principalmente insaturada. Es un alimento energéticamente denso, con calcio, hierro, fósforo y vitaminas del grupo B. No hace falta comerlo a cucharadas para notar su aporte: con poca cantidad ya suma.

Por qué no es solo para el hummus

El hummus se popularizó en Occidente, pero el tahín lleva siglos en la cocina de Oriente Medio, el norte de África y parte de Asia como condimento versátil. Estas son las formas más interesantes de usarlo más allá del garbanzo triturado:

Como aliño. Emulsionado con agua, limón y un poco de ajo, da una salsa ligera que funciona sobre verduras asadas, falafel, cereales o ensaladas. Es la base de la salsa tahini clásica y tarda dos minutos en hacerse.

En salsas calientes. Añadir una cucharada a un wok de verduras o a una crema de verduras al final de la cocción aporta cremosidad y profundidad sin necesidad de nata ni queso. Combina especialmente bien con calabaza, zanahoria y boniato.

Como sustituto de la mantequilla en el desayuno. Extendido directamente sobre pan integral con un poco de sirope de arroz o miel. O mezclado con miso: tres partes de miso por una de tahín con un poco de agua caliente, para un paté que en la tradición macrobiótica tiene un papel casi de alimento de fondo: nutritivo, saciante y muy sencillo.

En repostería. Sustituye a la mantequilla o al aceite en galletas, bizcochos y brownie con un resultado húmedo y con un sabor ligeramente tostado que marca la diferencia. Especialmente bien en combinación con cacao, dátiles o miso.

Como base de marinadas. Mezclado con tamari, jengibre rallado y unas gotas de vinagre de arroz, hace una marinada excelente para tofu, tempeh o verduras al horno.

Un truco para el tahín quede bien siempre

El tahín tiene tendencia a separarse: el aceite sube y la pasta queda en el fondo. No es señal de que esté malo, es lo normal en un producto sin emulsionantes artificiales. Remueve bien antes de usarlo.

Cuando lo emulsiones con agua para hacer una salsa, añade el agua poco a poco y remueve con energía: primero espesa antes de afluirse, que no te sorprenda. La proporción de partida es una cucharada de tahín por dos de agua y el zumo de medio limón. A partir de ahí, ajusta según el uso.

Con qué combina el tahín en la cocina

El tahín tiene una afinidad natural con otros ingredientes del universo Mimasa: el miso para el paté clásico, el tamari en marinadas, el gomasio para terminar platos. Todos comparten el sésamo como hilo conductor y se integran bien en una cocina de base vegetal, equilibrada y con influencia macrobiótica.

Si nunca lo has usado más allá del hummus, es buen momento para cambiar eso. Empieza por el aliño: tahín, limón, agua y sal. Con eso ya tienes una salsa que mejora casi cualquier cosa que pongas debajo.

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